en la fiesta de Santa Teresa de Jesús «y podría yo contentarte»
con tu
Sol de Dios en mi horizonte a la hora
de la brisa te descubro aquí enraizado
en lo humano de mi carne abriendo
tus brazos, libro vivo herido de
Amor incurable
y Sed
¿qué te
mueve a amarme de este modo? me
dilatas, me ensanchas, me llagas me
renaces transido por un cantar de Agua
ardiendo y Luz y lindos ojos
solo
existes Tú, Jesús mío da Sangre
de tu Ser a mis entrañas rompe mi
corazón, mi carne viva con el
dolor de olvido que Tú escondes
Oh,
Redentor mío un alma
más es mi ansia toda remontaré
los ríos, subiré montañas navegaré
mil mares si hace falta iré tan
lejos contigo como tus ojos lloren
En 1958, el Papa Pío XII declaró la fiesta del Santo Rostro de Jesús el día antes del Miércoles de Ceniza (martes de carnaval).
Santa Teresita del Niño Jesús y la Santa Faz conocía la vida y misterios de la carmelita Sor María de San Pedro y la Sagrada Familia y por ella eligió ser de «la Santa Faz».
Escribía la Madre Inés de Jesús (su hermana Paulina):
«El principal atractivo de la sierva de Dios fue la devoción a a la Santa Faz. Por muy tierna que fuese su devoción al Niño Jesús, no puede compararse a la que sintió por la Santa Faz».
En su proceso de beatificación:
«La Santa Faz era el espejo donde Sor Teresa veía el Alma y el Corazón de su Amado; el libro de meditación donde bebió la ciencia del amor. Fue en la meditación de la Santa Faz que aprendió ella la humildad»
¿Cómo influye la Eucaristía en la vida cotidiana? ¿Ser o hacer? ¡El peligro del activismo! ¿En mi agenda tiene espacio Dios? Dios está hoy esperándome en el Sagrario, ¿pasaré de largo?
Matrimonio y Eucaristía [Parte 2]
Entrevista a Raúl Eguía Recuero, escritor
Conchita Guijarro (Radio María): ¿Cómo influye la Eucaristía en una vida cotidiana, Raúl?
Raúl Eguía Recuero (escritor): Creo que la Eucaristía lo más importante que nos hace es detenernos. En este mundo tan rápido que tenemos, que llegamos tarde a todos los sitios, especialmente cuando tenemos una vida activa, el poder detenerte, estar en silencio, aprender a escuchar al Señor, es absolutamente necesario. Tenemos una tendencia normalmente a hacer hacer hacer y eso es un peligro muy grave, porque ese es el peligro del activismo, del voluntarismo, donde creemos al final, si nos metemos en esa línea, que todo lo hacemos nosotros por nuestras propias fuerzas…
Conchita Guijarro: Hay que ser más que hacer.
Raúl Eguía Recuero: Exactamente.
Conchita Guijarro: Ser.
Raúl Eguía Recuero: Ser… y cuando estás con el Señor, el Señor te dice: «Yo soy». Desde ahí ya parte todo lo demás.
Conchita Guijarro: San Juan Pablo II, citando a San Juan de la Cruz en la homilía a los jóvenes del 15 de marzo del 2005, dijo: «Reconocemos que San Juan de la Cruz tenía razón cuando decía, "Adviertan, pues, aquí los que son muy activos, que piensan ceñir al mundo en sus predicaciones y obras exteriores que mucho más provecho harían a la Iglesia, mucho más agradarían a Dios, dejando aparte el buen ejemplo del que si darían si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración”». ¡Qué fuerte! O sea, ganaríamos más estar en oración con el Señor que haciendo cosas.
Raúl Eguía Recuero: Claro, es que es en el fondo, si uno lo piensa bien, el hecho de que yo no me pare a estar con el Señor en el fondo es una falta de confianza en que Él puede hacer; y Él nos ha dicho: «Sin Mí, no podéis hacer nada». Y lo de nada, nosotros lo tachamos y decimos: «Bueno,… ¿algo podremos hacer?» No, no, el Señor es muy claro, dice: «Sin Mí, no podéis hacer nada». A mí me gusta mucho una frase que decía San Ignacio de Loyola: «Si tienes trabajo, reza una hora. Pero si tienes mucho trabajo, reza dos». No nos damos cuenta realmente que no nos podemos separar de Él y conforme nos metemos en el activismo, en el hacer hacer, al final nos vamos secando y cuando ponemos la vista atrás, decimos: «¿Qué nos está pasando?». La realidad es que nos hemos alejado de la Fuente.
A veces a los jóvenes les digo: ¿tú qué eres? «A mí me gusta mucho el mundo del cine»; Pues, entonces, imagínate que te llamara Steven Spielberg o Mel Gibson a Hollywood para tener una entrevista con él. Entonces, tú cerrarías tu agenda para eso, igual con cualquier otro en cualquier otro campo de tu interés. Y sin embargo, con el Señor, que es el Rey de Reyes, el Todopoderoso, el que ha creado todo, le ponemos siempre en la agenda el último… si me da tiempo, entonces estoy contigo. Y el Señor tiene que ser el centro.
Conchita Guijarro: Y qué pena da entrar en una iglesia y ver los sagrarios vacíos sin personas. San José María decía que cuando fuéramos por la capital, cuando pasáramos por una iglesia, que no pasáramos de largo, que había que entrar a saludar al Señor, aunque solo fuera decir hola y adiós.
Raúl Eguía Recuero: Me imagino como padre, estar en mi casa, en la terraza, y ver que mis hijos pasan por delante, por la calle y no tocan para hablar conmigo, aunque sea un minuto, para decirme: «Papá, mira, vengo a saludarte y te doy un abrazo». El padre se quedaría mirando cómo pasan sus hijos, con una gran tristeza en el corazón, ¡son mis hijos! … De la misma forma, el Señor está ahí en el Sagrario siempre esperando, deseando que vengas, contando el tiempo para estar con nosotros.
¿Qué es la Eucaristía? ¿Qué enseña como esposo y padre?
¿Se puede vivir sin la Eucaristía? ¿Es el secreto de los santos?
Matrimonio y Eucaristía [Parte 1]
Entrevista a Raúl Eguía Recuero, escritor.
Conchita Guijarro (Radio María): ¿Qué es para ti la Eucaristía?
Raúl Eguía Recuero (escritor): Es todo. Es Jesús que está vivo y que es el que nos da la vida para poder vivir nuestra vida como esposos, como padres, … en mi caso, como escritor también. Sin Él no podemos vivir. Yo creo que muchas veces no nos damos cuenta —yo el primero— del mayor de los milagros; de que todo esto que vivimos, todo este mundo, se sostiene en que Él está y que se ha quedado con nosotros. Esto lo perdemos muchas veces de vista y vamos como si no estuviera y la verdad es que está.
Conchita Guijarro: Y no le damos la importancia cuando vamos a comulgar en la Misa, a veces vamos por la fila pensando en la que va adelante o el que viene detrás y lo que vamos a recibir es al Rey de los Reyes. Tendríamos que ir diciéndole piropos: «Jesús, te quiero», « Jesús, te voy a recibir», «Jesús, transfórmame en lo que te entregas a mí». Pero hay que cuidar tanto el camino hacia la comunión como el agradecimiento cuando acaba la Misa. Porque hay que estar por lo menos 10 minutos desde que acaba la Misa dando gracias al Señor por ese regalazo que nos ha hecho.
Raúl Eguía Recuero: Es el momento de más Intimidad y nosotros salimos corriendo entre tantas cosas y el Señor queriéndose entregar y regalarnos y no tenemos tiempo, para estar con Él.
Conchita Guijarro: Hay que tener tiempo para el Señor, que Él nos entregó toda su Vida. ¿Qué te enseña a ti especialmente la Eucaristía como esposo y como padre?
Raúl Eguía Recuero: A mí me enseña, sobre todo, la entrega. La entrega de Alguien que se entrega por Amor sin esperar nada a cambio. Eso es para mí el mayor ejemplo, el ver a Jesús vivo en la patena y ver cómo está ahí esperando y cuidándolo todo y entregándose… esto es lo que el Señor me pide a mí, como esposo y como padre. ¿Soy capaz de entregar la vida hasta el final por mi esposa y por mis hijos? ¿Y soy capaz de hacerlo hoy? Pero no dentro de tanto tiempo, sino ¿hoy, en esto que me pasa?
Conchita Guijarro: Todos, todos los días. Exacto. ¿Y qué dices de la fidelidad al Señor, a tu familia y a tus hijos?
Raúl Eguía Recuero: El Señor nos muestra en la Eucaristía que es fiel. Él no se va. Él está con nosotros día tras día hasta el fin de los tiempos. Y a mí me enseña eso: a ser fiel primero a Él, a no olvidarme de la importancia que es tener tiempo para estar en intimidad con Él, que es la Fuente de todo lo demás; y cómo ser también fiel a mi familia, cómo ser fiel a mi esposa, e intentar cuidarla en lo que yo pueda con toda mi pobreza, y ser fiel también a mis hijos, cómo entregar la vida por ellos.
Conchita Guijarro: La Iglesia vive de la Eucaristía. Los matrimonios también vivimos de la Eucaristía. ¿Se puede vivir sin la Eucaristía, Raúl?
Raúl Eguía Recuero: Se puede muy mal vivir sin la Eucaristía. El Señor nos ha mostrado tantas veces a través de la Iglesia que la Eucaristía es la Fuente, es el culmen, es todo, porque es Jesús. Y, de hecho, San Juan Pablo II nos decía que, para los matrimonios cristianos especialmente, es la raíz de la que brota todo. Entonces, mi respuesta es que no, no se puede vivir sin Eucaristía, tenemos que tender a estar el mayor tiempo posible dándonos cuenta de que Él está ahí vivo, esperándonos, para darnos vida a nosotros y dar vida también a nuestros matrimonios, a nuestras familias.
Conchita Guijarro: San Juan Pablo II en la Familiaris Consortio, en el número 57, dijo: «La Eucaristía es la fuente misma del matrimonio cristiano. En efecto, el sacrificio eucarístico representa la alianza de amor de Cristo con la Iglesia, en cuanto sellada con la sangre de la cruz. Y en este sacrificio de la nueva y eterna alianza, los cónyuges cristianos encuentran la raíz de la que brota, que configura interiormente y vivifica desde dentro, su alianza conyugal».
Raúl Eguía Recuero: La Iglesia, decía Benedicto XVI, vive de la Eucaristía, y que ahí se hace presente el Sacrificio, porque a veces olvidamos que la Eucaristía es el Sacrificio de Jesús, el Sacrificio hoy. Decía la madre Teresa de Calcuta una cosa muy bonita, que si tú quieres ver cómo Jesús te Amaba, nos amó, puedes mirar un crucifijo, pero si quieres ver cómo te Ama hoy, tienes que mirar a Jesús Sacramentado, y eso cambia la manera cambia la realidad.
Conchita Guijarro: La Eucaristía es el secreto de los santos, ¿necesitamos matrimonios santos?
Raúl Eguía Recuero: Sin duda, necesitamos que nosotros seamos santos para que nuestros hijos puedan ser santos es muy importante que nosotros seamos santos. Y para ser santos tenemos que dejarnos en las manos del Señor, especialmente en la Eucaristía… Nosotros decimos a los niños: «El zapatero hace zapatos, el panadero hace panes y el Espíritu Santo hace santos»… y los Santos Padres decían una cosa muy bonita que cuando comulgamos, comulgamos Sangre y Fuego… Entonces, esa experiencia de unirte a Cristo y, desde ahí, ir viendo como el Señor te va transformando en tantas dificultades que tenemos, hace también que esa santidad pueda llegar también a nuestros hijos. Tenemos ejemplos de los matrimonios santos, como los padres de Santa Teresita y tantos otros. Hay que pedir a todos los oyentes que recen mucho por nosotros, por los matrimonios, para que podamos ser santos como el Señor nos pide.
«No olvidemos jamás que la prosperidad y la decadencia de una época dependen proporcionalmente de su devoción a la Sagrada Eucaristía. Esa es la vara para medir su Vida Espiritual y su Fe, su Caridad y sus Virtudes… »
«La presencia de Jesús en el Tabernáculo ha de ser como un polo de atracción para un número cada vez mayor de almas enamoradas de Él, capaces de estar largo tiempo escuchando su Voz y casi sintiendo los latidos de su Corazón.
“¡Gustad y ved qué Bueno es el Señor” (Sal 33, 9)»
En su última novela, Raúl Eguía aborda esta gran cuestión que, antes o después, nos hacemos en algún momento de la vida. Muchas veces surgen en la adolescencia, pero también acompañan toda la vida cuando las respuestas no llegan, o no se quieren aceptar.
‘Pan nuestro somos suyos’ es una novela que plantea el reto de afrontar las grandes preguntasy también propone algunas respuestas sobre el sentido de la existencia. Y una de esas preguntas fuertes es “¿qué encontrarías tú si te miraras dentro?”.
Y ¿qué hay de la identidad, la muerte, la orfandad, el amor, la lucha, la necesidad y sed de pertenecer? ¿de averiguar si nos quieren y si alguien nos espera…?
En un entorno actual y juvenil, se desarrolla este thriller con un desenlace sorprendente.
Como libros anteriores de Raúl Eguía,‘Pan nuestro, somos suyos’nace desde el silencio, la oración y la escucha. Desde ahí -dice el autor- los personajes empiezan a asomar, cobran vida y se va construyendo la historia de esta novela visceral, fresca y vital, con tintes de guion cinematográfico, que es el sector profesional del que procede Raúl Eguía.
El Señor va haciendo con cada uno
de la manera que uno puede entender, porque nos conoce, sabe cómo es nuestra naturaleza,
lo sabe todo de nosotros. Él sabe la
mejor manera de llevarnos a esa intimidad. La única forma es estar con Él, pasar tiempo con Él, como
uno pasa tiempo con un amigo —como decía Santa Teresa—, con alguien que nos ama,
que nos quiere, que lo sabe todo de nosotros. Decía San Juan de la Cruz una cosa
muy bonita: «el mirar de Dios es Amar».Dios nos mira y nos ama y nos ve con alegría.
Esa es la experiencia, estar con Él… y
en ese estar con Él, tiempo con Él, tranquilos con Él, pues el Señor va
haciendo. Es verdad que a veces brotan cosas
en el corazón, a veces brotan también lágrimas, a veces brotan esas caricias y,
muchas veces, también está el silencio.
Es como ese juego de amor entre enamorados,
a veces hay miradas, a veces hay gestos de cariño, a veces hay silencio… y
conforme va avanzando el amor pues esa experiencia también va cambiando… pero la
experiencia es: ESTAR CON ÉL, dejarse en sus manos, dejarse amar por Él —que es
lo que muchas veces nos cuesta—. Dejarnos amar, especialmente, en esas cosas
que tanto nos cuestan; lo decía Santa Teresita: «la confianza y nada más que la
confianza puede conducirnos al Amor»… es ese estar confiadamente en sus manos,
abandonarse en Él y la única manera es
ponerse ahí, delante de Él, y… ESTAR. Es verdad que muchas veces, al
principio, uno va con todas las preocupaciones que tiene y se las va poniendo
ahí al Señor pero… estar con Él de
esa manera tan bonita y tan necesaria porque Él nos está esperando, porque Él es el que
nos llama, el que nos atrae, el que nos pone ahí con Él y nos dice: «Ven… Yo
soy tu descanso, Yo soy tu Paz, Yo soy todo para ti… déjame este ratito estar
contigo, déjame que me recree contemplándote»… Esta es la Belleza del Señor,
la Bondad del Señor y, de ahí, va partiendo esa intimidad, de a poquito, cada
uno a su ritmo, cada uno a su forma…
Novela «Pan nuestro, somos suyos» de Raúl Eguía Recuero
UNA NOVELA CON PREGUNTAS FUERTES Y RESPUESTAS.
Para jóvenes y adultos (a partir de 12 años).
Ya disponible en en AMAZON en TODO el mundo.
«Pan nuestro, somos suyos» es un desafío y cuando llega es profundo, desmesurado, incontrolable, afecta a la vida… a esos secretos que hay bajo los pies… la identidad y la muerte. Arriesgarse, aunque no estés preparado. Decidir vivir del todo porque NO es un juego la vida. UNA NOVELA VISCERAL, APASIONANTE, FRESCA, VITAL... DE CIENCIA Y FE, DE EUCARISTÍA.
Novela «Pan nuestro, somos suyos» de Raúl Eguía Recuero.
UNA NOVELA CON PREGUNTAS FUERTES Y RESPUESTAS.
Para jóvenes y adultos (a partir de 12 años)
Ya disponible en en AMAZON en TODO el mundo
Orfandad, amor, lucha, necesidad, sed, ser, pertenecer… alguien en el que quedarse. Esta novela es un desafío y cuando llega es profundo, desmesurado, incontrolable, afecta a la vida… a esos secretos que hay bajo los pies… La identidad y la muerte, tal vez por eso «¿Qué significa estar vivo?»
«El último fundamento sigue siendo, sin embargo, la vida interior; la formación del hombre va desde dentro hacia fuera. Cuanto más profundamente esté el alma unida a Dios, y cuanto más desinteresadamente se haya entregado a su gracia, tanto más fuerte será su influencia en la configuración de la Iglesia. Y viceversa, cuanto más profundamente esté sumergida una época en la noche del pecado y en a lejanía de Dios, tanto más necesita de almas que estén íntimamente unidas a Él. Pero aún en esas situaciones Dios no nos abandona. Desde la noche más oscura surgen las grandes figuras de los profetas y los santos, aun cuando, en gran parte, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. No cabe ninguna duda, sin embargo, de que los giros decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales poco o nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas, a las que hemos de agradecer las transformaciones decisivas de nuestra vida personal, es algo que sólo habremos de experimentar el día en que todo lo oculto sea revelado.
Es posible hablar de una “Iglesia invisible”, porque las almas escondidas no viven aisladas, sino en un contexto viviente y dentro del gran orden del plan divino. Su efectividad y su íntima unión puede que permanezca oculta para ellos mismos y para los otros a lo largo de toda su vida terrenal. Sin embargo, es también posible que algo de ese orden salga a la luz y se haga visible. Ese es el caso de las personas y los acontecimientos que enmarcan el misterio de la Encarnación. María y José, Zacarías e Isabel, los pastores y los Magos, Simeón y Ana, todos ellos habían vivido en la intimidad de Dios y estaban preparados para la tarea especial que les habría de ser encomendada, antes aún de haber experimentado el admirable encuentro con el Señor y antes de poder entender el camino de su vida como un camino hacia ese punto culminante. En todos los himnos que la tradición nos ha legado se expresa su admiración ante las maravillas de Dios.
(…) Hoy vivimos en una época que necesita urgentemente de una renovación desde las fuentes escondidas de las almas íntimamente unidas a Dios. Hay mucha gente que tiene puestas sus últimas esperanzas en esas fuentes de la salvación. Esta es una amonestación muy seria: de cada una de nosotras se exige una entrega total al Señor que nos ha llamado, para que pueda ser renovada la faz de la tierra. En total confianza debemos abandonar nuestra alma a las inspiraciones del Espíritu Santo. No es necesario que experimentemos la “epifanía” de nuestra vida, sino que hemos de vivir en la certeza de fe de que, lo que el Espíritu de Dios obra escondidamente en nosotros, produce sus frutos en el reino celestial. Nosotros los veremos en la eternidad.
De esa manera queremos presentar al Señor nuestras ofrendas y las depositamos en las manos de su Madre (…) Nada puede significar para su corazón una alegría más grande que la entrega cada vez más profunda de nuestro corazón al corazón de Dios».
Ternura y herida · Don Quijote, un Pastorcico y el Corazón herido
Raúl Eguía Recuero, escritor.
Dios quiere mostrarte la Ternura de su Corazón herido
¿Querrás dejarle?
Don Quijote decía: «Yo sé quién soy», «soy enamorado». Y por eso Miguel de Cervantes escribe estos versos:
«Dulcinea del Toboso
Del alma en la tabla rasa
Tengo pintada de modo
Que es imposible borrarla
La firmeza en los amantes
Es la parte más preciada,
Por quien hace Amor milagros,
Y asimesmo los levanta»
Wow! Es impresionante lo que dicen estos versos sobre el amor. «Tengo en el alma pintada de modo que es imposible borrarla»… esa imagen de la enamorada. La firmeza, la fidelidad, quien hace Amor milagros… que levanta…
«Yo sé quién soy» dice Don Quijote, «soy enamorado» o San Juan de la Cruz que escribe también un poema titulado «El Pastorcico» y que va todavía más allá, al Amor verdadero. Dice así:
«Un Pastorcico, solo, está penado…
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora ha puesto el pensamiento,
el pecho, del amor, muy lastimado.
No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido
—aunque en el corazón está herido—
más llora por pensar que está olvidado».
Estos versos de amor que hablan de este Pastorcico que «está en el corazón herido», que llora… «llora por pensar que está olvidado».
Este es el Señor, este es Dios. Dios que está herido de una HERIDA INCURABLE, herido de Amor. Que canta un bello canto de amor y lágrimas desde sus entrañas ante cada uno de nosotros, ante estos seres indefensos y débiles que somos y que tantas veces nos olvidamos de Él.
¿Has dedicado tiempo hoy a que Dios te muestre cómo te quiere, cómo te ama, cómo te cuida?
Porque Él nos dice: «Como un padre que siente ternura por sus hijos», así el Señor siente ternura por ti. Ese es el Fuego del Amor incondicional que tiene Dios. Se ha abajado, se ha hecho tan pequeño, se ha despojado de todo, se ha hecho carne, ha querido tener un corazón que late y sufre y llama insistentemente a tu corazón. Está llamando y te dice: «Tengo Sed de ti» «¿Escuchas mi voz?» «¿Querrás abrirme?» Está como un mendigo.
No es sensiblería o sentimentalismo barato, porque la ternura de Dios se muestra en la Cruz, ese es el Amor verdadero, encumbrado en el «árbol donde abrió sus brazos bellos» que escribe San Juan de la Cruz. Esa es la Ternura de Dios mostrándose, ahí, en Jesús, mando y humilde, que se deja hacer, se deja herir, que se deja, más tarde, tocar las llagas. Y todo lo hace por ti, por mí, porque nos ama inmensamente. La Ternura de Dios se ve contemplando la herida de Su Corazón. Esa Herida que sigue abierta por nosotros.
Contemplándole así nos muestra que llora por pensar que está por nosotros olvidado. Y nos muestra y nos llama para que le dejemos entrar, para que le dejemos amarnos, para que permitamos que Él toque nuestras heridas con las suyas, que lave el dolor de nuestras fragilidades con sus lágrimas.
Hermano, hermana, Dios quiere mostrarte cuánto te ama ¿Querrás? ¿Querrás dejarle? ¿Confiarás en Él? ¿Le mostrarás tus heridas, tus problemas, tus fragilidades, tus debilidades? ¿Le dejarás amarte como Él quiere amarte?
Esta es la profundidad de la Ternura de Dios… y es especialmente maravillosa cuando uno puede experimentarla en el sufrimiento, en ese silencio, a veces, tan duro, en esa noche tan negra, … En esos momentos que se hace especialmente difícil esperar y uno cree que todo se ha terminado, que ya no hay opción, ni esperanza… en ese momento Dios con su ternura está más cerca de ti, no ha huido, no te ha abandonado a tu suerte, ESTÁ y solamente te pide que esperes y confíes porque el Amor verdadero siempre es FIEL.
Acércate a Él, en tu cuarto, en intimidad, en oración, en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, donde Dios vivo hecho Carne, Sangre, Alma y Divinidad, se entrega de nuevo en la patena por Amor a ti; o en el Sagrario, donde está esperando verte, desde el silencio, Amor callado… Esta es LA TERNURA DE DIOS, EL SACRIFICIO VERDADERO, MANANTIAL DE AMOR, HERIDA INCURABLE, CORAZÓN ABIERTO SIEMPRE PARA TI.
Que Nuestra Madre María, la más pequeña y que San José, que permitieron amar a Dios y su Ternura intercedan por nosotros. Que Dios te bendiga enormemente.
«Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios.
Es preciso transmitir al mundo este fuego de la Misericordia.
En la Misericordia de Dios
el mundo encontrará la paz,
y el hombre, la felicidad»
«Desde el comienzo de mi ministerio en la Sede de San Pedro en Roma, consideré este mensaje [de la Divina Misericordia] como mi tarea especial. La Providencia me lo ha asignado en la situación actual del hombre, de la Iglesia y del mundo. Se podría decir que precisamente esta situación me asignó ese mensaje como mi tarea ante Dios»
San Juan Pablo II
Oremos con San Juan Pablo II
«Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre.
Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal; haz que todos los habitantes de la tierra experimenten tu misericordia, para que en ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza.
Padre eterno, por la dolorosa pasión y resurrección de tu Hijo, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén»