[1] Santa Teresa de Jesús, Fundaciones 5, 10; cf. Id., Castillo interior, I, 2, 7; II, 1, 8.
[2] San Juan de la Cruz, Llama de amor viva 3, 24.
[3] Cf. Id., Cántico espiritual, 22, 3.
[1] Santa Teresa de Jesús, Fundaciones 5, 10; cf. Id., Castillo interior, I, 2, 7; II, 1, 8.
[2] San Juan de la Cruz, Llama de amor viva 3, 24.
[3] Cf. Id., Cántico espiritual, 22, 3.
Vuestra soy, para vos nací:
¿qué mandáis hacer de mí?
Veis aquí mi corazón,
yo le pongo en vuestra palma:
mi cuerpo, mi vida y alma,
mis entrañas y afición.
Dulce Esposo y redención,
pues por vuestra me ofrecí:
¿qué mandáis hacer de mí?
Dadme muerte, dadme vida;
dad salud o enfermedad,
honra o deshonra me dad;
dadme guerra o paz crecida,
flaqueza o fuerza cumplida,
que a todo digo que sí:
¿qué queréis hacer de mí?
Dadme riqueza o pobreza,
dad consuelo o desconsuelo,
dadme alegría o tristeza,
dadme infierno o dadme cielo,
vida dulce, sol sin velo:
pues del todo me rendí,
¿qué mandáis hacer de mí?
Si queréis, dadme oración;
si no, dadme sequedad,
si abundancia y devoción,
y si no esterilidad.
Soberana Majestad,
solo hallo paz aquí:
¿qué mandáis hacer de mí?
Si queréis que esté holgando,
quiero por amor holgar;
si me mandáis trabajar,
morir quiero trabajando:
decid dónde, cómo y cuándo,
decid dulce Amor, decid:
¿qué mandáis hacer de mí?
Amén.
Santa Teresa de Jesús
«El primer medio para perseverar en el camino que conduce al cielo es ser fiel en seguir y aprovechar los movimientos de la Gracia que Dios decide concedernos. Los santos no deben su felicidad más que a su fidelidad a las mociones que les envía el Espíritu Santo, del mismo modo que los condenados no pueden atribuir su desdicha a otra cosa que al desprecio de tales movimientos. Esto solo debe bastar para haceros sentir la necesidad de ser fieles a la Gracia»
Santo Cura de Ars
«Quiero contaros una cosa que me sucedió con nuestro Señor. Teníamos un cuadro de Cristo en el convento; y estando yo un día delante de él, me pareció estaría más decentemente en la iglesia. Y con deseo de que no sólo los religiosos le reverenciasen, sino también los de fuera, lo hice como me había parecido. Después de tenerle en la iglesia puesto lo más decentemente que yo pude, estando un día en oración delante de él, me dijo: Fray Juan, pídeme lo que quisieres, que yo te lo concederé. Yo le dije: Señor, lo que quiero que me deis es trabajos que padecer por Vos y que sea yo menospreciado y tenido en poco»
San Juan de la +
La contemplación es el motor, las alas, el alma de la acción, esta es la riqueza de servir como una familia unida en el Señor. Todos somos necesarios en la Iglesia, cada uno en su lugar y Cristo siempre en el centro.
La conversación entre la Madre Rocío de Jesús, la Hermana María Guadalupe y el escritor Raúl Eguía Recuero, fue presentada y conducida por Mari Cruces Gutiérrez, madre y catequista, colaboradora de Daimiel TV.
Las monjas mínimas están llamadas a la contemplación, a contemplar a Cristo y a despojarse de todo por Amor. La humildad es su esencia, la sencillez y la alegría.
➡️ Para escribirles: minimasdaimiel@minimas.org
Para saber más:
➡️ Para comprar los libros de Raúl Eguía Recuero:
https://www.amazon.es/stores/Raúl-Eguía-Recuero/author/B0BNN9VFZ7
El coloquio sobre «Cine y Confianza» en Dios con Raúl Eguía Recuero trató sobre director de cine Frank Capra y algunas de sus películas («Vive como quieras», «¡Qué bello es vivir!»), sobre el film «Los lirios del valle» y sobre el profeta Elías. Fue un coloquio organizado por Surco Films y Faro Films dentro del encuentro de cineastas católicos.
Raúl Eguía Recuero es muy feliz esposo y padre y es escritor. Ha trabajado como editor y consultor de guion en New York (con productores de Oscar, ha sido finalista del premio Sundance, ...). Formó parte del equipo de Infinito Más Uno con Juan Manuel Cotelo («La última cima», ...). En la actualidad escribe cuentos, relatos, poesía y novelas y sirve como guionista y consultor de guion en diferentes producciones de cine y TV.
➡️ Para comprar los libros de Raúl Eguía Recuero:
https://www.amazon.es/stores/Raúl-Eguía-Recuero/author/B0BNN9VFZ7
«¡Que nadie se engañe: ésta es la única verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz no hay camino por donde se pueda subir al cielo! (...) Oíd, pueblo; oíd, todo género de gentes: de parte de Cristo y con palabras tomadas de su misma boca, yo os aviso: que no se adquiere gracia sin padecer aflicciones; hay necesidad de trabajos y más trabajos, para conseguir la participación íntima de la divina naturaleza, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del alma»
Santa Rosa de Lima
«Que estos mandamientos y estos preceptos nos comuniquen firmeza para poder caminar, con toda humildad, en la obediencia a sus santos consejos. Pues dice la Escritura santa: "En ese pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras"»
«Toda la santidad consistirá por lo tanto en recibir, de Cristo y por Jesucristo, quien posee la plenitud y quien está establecido como el único mediador, la vida divina, en conservarla, en aumentarla sin cesar, por una adhesión siempre más perfecta, por una unión siempre más estrecha a aquel quien es la fuente»
Beato Dom Columba Marmion
«para pasar adelante en contemplación a unión de Dios, para lo cual todos esos medios y ejercicios sensitivos de potencias han de quedar atrás y en silencio, para que Dios de suyo obre en el alma la divina unión»
San Juan de la +
«Hombre, se te ha hecho saber lo que es bueno, lo que el Señor quiere de ti: tan solo practicar el derecho, amar la Bondad, y caminar humildemente con tu Dios»
Miqueas 6, 8
«Nuestro Señor es todo lo contrario del mundo. Porque los mundanos sólo tienen por felices a los ricos porque las riquezas permiten hacer todo lo que uno quiere. Al ver a un hombre rico se dice: Dejémosle sitio, es un señor. Y nuestro Señor dice: Felices los pobres de espíritu...
Ya pueden ir por el mundo predicando la pobreza; ¿quién les va a escuchar? Podéis exaltar todo lo que queráis la santa humildad: decidme: ¿a quién podréis persuadir?
Gritad repetidas veces que los pobres son bienaventurados; que por eso no va nadie a querer ser pobre; sólo querrán serlo aquellos a quienes el Espíritu Santo ha concedido el don de sabiduría, el cual hace gustar a las almas la dulzura que hay en el servicio de Dios y en la práctica de las virtudes.
Porque esas almas reciben mil dulzuras y contentos en medio de su pobreza, su mortificación y los ejercicios de religión, pues es a ellas a las que especialmente reparte sus dones el Espíritu Santo; sin embargo, no deben buscar en la religión sino a Dios y la mortificación de sus pasiones, pues si buscasen otra cosa, jamás encontrarían allí el consuelo que pretenden...»
San Francisco de Sales