San José · Primer caballero de la Inmaculada

«Procuremos dejar entrar a la Inmaculada en el alma, como lo hizo San José en Belén. Roguemos a San José que podamos consagrarnos, dedicarnos a Ella, estar dispuestos a sacrificarnos y a trabajar por la Inmaculada, como él. Oremos para que sepamos vivir para Ella como San José».

San Maximiliano Kolbe

San Maximiliano Kolbe tenía una especial devoción a San José. Uno de sus frailes hermanos decía: «el P. Maximiliano amaba a San José, como esposo de la Inmaculada»; otro recordaba: «Nuestro amado padre nos exhortaba fervientemente a la oración incesante a San José». 

San Maximiliano Kolbe veía en San José el modelo del caballero de la Inmaculada, totalmente dedicado a custodiar a Jesús y a Ella, su hermosa amada.

toda mi ciencia


«Buen ánimo, hermano: 
los ojos en la tierra, el espíritu en el cielo 
y en la mano el santísimo rosario»

«Toda mi ciencia está encerrada en un librito de seis letras: 
cinco rojas, las llagas de Cristo, 
y una blanca, la Virgen Inmaculada»


San Félix de Cantalicio

en un silencio


«Un te quiero mudo
en un silencio acogedor...

Un humilde carpintero
duerme en brazos a su Dios»

San José

quien busca


«Quien busca el buen grano
Lo encuentra en la espiga
Quien quiere oro fino
Lo busca en la mina

Quien busca a JESÚS
Lo encuentra en MARÍA»

Santa Bernardita y San José - escondida intimidad


Santa Bernardita Soubirous vivió después de Lourdes en Nevers bajo la sombra de San José. El día de su primera profesión de votos dijo: «He venido aquí para esconderme».

Su vida con María fue custodiada, escondida en intimidad, por San José y dedicada «enteramente a Dios y solo a Dios»

«¿No sabes que mi padre ahora es San José?»

«Di: San José, enséñame a rezar»

Ayúdame

Si puedo evitar que un corazón se rompa, 
no viviré en vano;
Si puedo aliviar el sufrimiento de una vida,
o calmar un dolor,
o ayudar a un petirrojo desmayado
a volver a su nido,
no viviré en vano.
 
*
 
If I can stop one heart from breaking,
I shall not live in vain;
If I can ease one life the aching,
Or cool one pain,
Or help one fainting robin
Unto his nest again,
I shall not live in vain.
 
      Emily Dickinson